Aprobar para seguir luchando

El régimen, con el Acuerdo por la Nueva Constitución y auxiliado por la pandemia, logró efectivamente desmovilizar el impulso revolucionario de los cinco meses que siguen al estallido. Ahora nos enfrentamos a tomar una posición frente a la coyuntura inmediata, que es por el Apruebo, el Rechazo, o anular y boicotear el plebiscito. Algunos grupos de izquierda han hecho el llamado por estas últimas opciones, regando el pesimismo dentro de la clase trabajadora. El triunfo del rechazo representa la mantención del statu quo y cederle a la derecha más recalcitrante un sentimiento de confianza. Peor aún, presenta el riesgo de infundir en las masas la desmoralización y el descrédito de la importancia cardinal que tuvo el estallido. Aunque fue finalmente desviado dentro del proceso constituyente, es necesario reivindicar el impulso revolucionario original de la Rebelión de Octubre, el levantamiento insurreccional, y la Huelga General, para defender ese legado de autoorganización de la clase trabajadora y acción directa de las masas. Debemos por lo tanto llamar a votar Apruebo, pero sin sembrar ilusiones en el pueblo.

La nueva constitución representa un intento de algún sector de la clase dominante para cerrar la crisis por arriba. Pero en la situación económica mundial, se engañan si creen que pueden cerrar la crisis, como también se engañan los que sinceramente crean que esta constitución produce una grieta en el sistema económico capitalista. Hay avances democráticos importantes, pero en realidad no toca el capitalismo. Se establecen derechos sociales, pero no se arma políticamente a la clase trabajadora de los medios necesarios para defender esos derechos y liberarse de la dominación capitalista.

Una Asamblea Constituyente, es en el fondo un parlamento democrático burgués, que tiene la particular tarea de escribir una constitución. Aquí se cobija la idea de que la clase capitalista impone su dominación a través de lo estipulado en un pedazo de papel como la Constitución. En realidad, los capitalistas son dueños del país, de las riquezas y de los medios de producción, y debido a esto pueden imponer su sistema económico, brutal y sin regulación. La constitución del 80 es el reflejo de esto, y no al revés. Esa constitución fue producto de la derrota histórica de la clase obrera chilena en el golpe de Estado del 73, es decir, producto de una real correlación de fuerzas entre las clases antagónicas.

A pesar de todas las concesiones, la propuesta final de la convención no satisface a los poderosos de siempre. Los marxistas sabemos bien que los burgueses no van a ceder un milímetro de sus prebendas sin antes dar una pelea. Es así como han echado mano a toda la maquinaria de que disponen para sembrar el miedo al cambio entre la población. Este mensaje, ayudado por la pusilanimidad del gobierno y los sectores que lo apoyan, logra calar en capas medias y populares, quienes no ven en el proyecto de constitución elementos concretos que les permitan esperanzarse.

Ante la opción del Rechazo, vemos claramente que en el triunfo del Apruebo puede existir un escenario más favorable para la clase trabajadora, bajo la condición fundamental de que el movimiento de masas se arme de ideas y métodos de lucha de clases, se generalicen las experiencias más avanzadas de combate y autoorganización de la Rebelión de Octubre, con la perspectiva de un gobierno de trabajadores.

La producción capitalista y su incidencia en la crisis climática

Mauricio Olave Sierra, Presidente EcoMaestranza

Existe una crisis planetaria sin precedentes y la complejidad de actores involucrados, incentiva una desbordada proliferación de teorías que explican este fenómeno, el fenómeno de la crisis ambiental, puesto que nos encontramos ante un hecho ineludible, que incorpora como actores, a prácticamente toda forma de vida en el planeta, y coloca a la humanidad ante un callejón sin salida

Lo particular de nuestra experiencia, se sustenta en una interpretación de la sociedad y de las bases materiales que le dan vida, puesto que no está en duda, que los actores originarios del daño causado a la naturaleza, tiene a nuestra especie humana como protagonista. En este sentido, los seres humanos hemos causado esta situación precisamente por la forma de relacionarnos con la naturaleza.

Es necesario precisar el punto de inflexión que marca las causas de esta crisis, no como un simple dato de la causa, sino como el aspecto central, sobre el cual repensar posibles soluciones profundas, sin embargo, conocer las causas de por si, no va a mejorar el escenario en que nos encontramos, puede permitir definir estrategias sobre las cuales, podemos reconstruir una nueva relación, está vez, armónica entre los seres humanos y nuestro entorno.

Mucho se ha escrito, sobre los orígenes de la sociedad humana, en donde entre otros factores, la construcción de las ciudades-estados, se convierte en un elemento por excelencia, del descubrimiento de la agricultura y domesticación de ganado, pasando la especie humana desde una vida predominantemente nómade, a predominantemente sedentaria; iniciando un largo camino de conquista de la naturaleza.

Si bien, en la actividad de recolección de frutos silvestres y de la agricultura antigua y medieval, se mantiene sin grandes alteraciones, un equilibrio entre la explotación de recursos, principalmente de la tierra, y la capacidad de la naturaleza de regenerarse; el hombre había logrado, con éxito subsistir del fruto de la tierra, paulatinamente aplicando los avances de la técnica en una mayor eficiencia de los procesos productivos.

Estos avances, incluyendo la voracidad de un nuevo sistema de sociedad que se abría paso, como consecuencia de la revolución industrial y la asunción de la burguesía como clase social dominante en el mundo moderno, va generando una perturbación en una de las fuentes de riqueza mas fundamentales, es decir, la naturaleza, teniendo como punto de partida, los nuevos medios de producción, que revolucionaron para siempre a la historia, surgiendo con ello, la denominada agricultura industrial durante el siglo XIX.

La aparición de la agricultura industrial, genera grandes consecuencias históricas, sumado a esto, el uso de la química con fines agrícolas, que permite ponen en el debate científico de la época, la calidad de los nutrientes de los suelos, en especial, para los fines de cultivar nuestros alimentos.

Destacados científicos en Alemania y Gran Bretaña, como Justus Von Liebig y James Johnston, respectivamente, señalaron lo perjudicial de la agricultura industrial para efectos de la preservación de la calidad de los suelos.

Hicieron fuertes criticas por la pérdida de nutrientes de la tierra (…) debido a la agricultura capitalista, culpando principalmente a la agricultura intensiva británica. En efecto, esto se extendió al robo de tierras de algunos países por parte de otros” (Foster, 2013).

Liebig en una de sus obras escrita en 1840, sostuvo que el problema de fondo, albergaba dos aspectos fundamentales: el primero, es el agotamiento de nitrógeno, fósforo y potasio; y el segundo, que estos nutrientes terminaban llegando a los grandes centros urbanos, provocando otro efecto, la contaminación de la población urbana. Esto nos lleva a afirmar, con evidencia palpable, que ya desde una etapa temprana del desarrollo de producción capitalista, este modelo de sociedad, mostraba sus primeras consecuencias sociales, la contaminación y degradación del suelo, por cuanto, somete por una necesidad intrínseca del sistema capitalista, a una ruptura con la agricultura medieval, otrora dominante. En este sentido, Marx y Engel, en el Manifiesto Comunista, señalan: “la producción feudal no era suficiente, para satisfacer la demanda de los nuevos mercados”, agregando que: “la gran industria creó el mercado mundial, preparado por el descubrimiento de América”, finalizando con la siguiente afirmación: “la expansión de la industria (…) se desarrollaba la burguesía, multiplicando sus capitales”, con ello, esta nueva clase social gobernante se encarga de finalizar toda forma de producción del pasado.

Pero fue otro descubrimiento científico, que determinaría la cara más oscura del naciente capitalismo, en 1842, el químico británico J. B. Lawes, desarrolla la capacidad de producir superfosfatos, en base a convertir los fosfatos en elementos solubles, con ello, se da el primer paso para la creación de fertilizantes sintéticos; aunque durante el siglo XIX los países dependían del fertilizante natural, comienza y en esto, Inglaterra se instala como precedente, en una vorágine insaciable por satisfacer sus necesidades de fertilizantes naturales; mostrando en el intento, sus pretensiones imperialistas.

El autor Bellamy Foster, considera que en este contexto de agotamiento de nutrientes de los suelos, es Gran Bretaña el ejemplo por excelencia de la disputa arbitraria, en el despojo de otras naciones de sus recursos naturales a escala mundial; esto basado en aportes de Liebig, quien señala entre sus investigaciones, como la necesidad de contar con fertilizantes para subsanar el efecto colateral de la producción capitalista sobre la calidad de los suelos agrícolas, llevó a las grandes potencias, en especial, a la ya mencionada, a indagar en formas no convencionales, como: “el desentierro y transporte de huesos humanos de los campos de batallas napaleónicas y catacumbas europeas” (Foster, 2013).

La extracción, por medio de trabajo forzado, lleva incluso a poner sus ojos en las costas del Perú, abundante en guano, en especial, obtenido del excremento de aves marinas; si bien, se desata esta especie de fiebre del guano, indirectamente, desencadena en un conflicto bélico, que aún divide a países limítrofes, es decir, la denominada Guerra del Pacífico; que culmina con la anexión de territorio peruano y boliviano, a la soberanía territorial chilena hasta el día de hoy, pero que abre a la industria capitalista británica una fuente permanente de negocios, entre ellas, la industria del salitre.

Todo ese recorrido histórico, desde la irrupción de la producción capitalista en la agricultura, el daño causado al suelo, y la necesidad inherente de grandes potencias industrializadas, de obtener mediante cualquier medio, incluso el saqueo colonialista, de apropiarse de la riqueza de otras naciones; acrecentado por el descubrimiento de América, y particularmente, de países sudamericanos como el nuestro, para promover la industria de fertilizantes naturales, crea al mismo tiempo, las condiciones materiales para el surgimiento de una incipiente clase obrera local; son los primeros movimientos obreros que surgen en Chile, en torno, a la minería y extracción de recursos naturales, quienes impulsan movimientos huelguísticos y organizacionales; además de otros movimientos vinculados al transporte ferroviario y portuario, condicionando a Chile en su configuración urbanística y socio-política.

Por lo que podemos afirmar, que existe un conducto evidente y poco abordado, entre las grandes contradicciones de las sociedades capitalistas y los problemas ambientales, durante los últimos doscientos años, que crece de forma exponencial, hasta el límite de nuestra contemporaneidad; esta fractura entre los modos de producción, la sociedad humana y el entorno ambiental, tiene como elemento reactor, el afán de lucro de grandes industrias, partiendo de la agrícola, sin descartar otros rubros que cobran posteriores protagonismos, por sus emisiones contaminantes. Pero para efectos, de lo que tratamos, vamos a continuar esta linea de desarrollo económico.

Las potencias europeas sin querer, provocan en países como Chile, un efecto impensado, creando lo que Marx denominaría, “a sus propios sepultureros”, es decir, a la clase obrera chilena, que mas adelante, protagonizarían páginas gloriosas y estremecedoras de la historia nacional.

En el camino, se pueden observar una serie de contradicciones, entre ellas:

La primera contradicción que provoca esta fractura metabólica, esta supeditada, a lo que Carlos Marx menciona en El Capital, “que el rompimiento del ciclo de la tierra en la agricultura capitalista industrializada, constituía nada menos que una fractura, en la relación metabólica entre los seres humanos y la naturaleza” (Foster, 2013).

Cuando las clases dominantes de una sociedad dada, provoca como es el caso, una insustentabilidad entre sus propias necesidades mercantiles y productivas, con las necesidades de su propio entorno, entonces, no solo está dañando a la propia naturaleza, sino que se está dañando a si misma como especie, por cuanto, los seres humanos no somos entes externos, sino que formamos parte de la misma naturaleza, en ese sentido, podemos señalar que la afirmación marxista, que el capitalismo tiende a destruir sus dos fuentes de riqueza, es decir, el trabajo y la naturaleza, es factible en esta situación, por cuanto, no solo se daña al planeta, sino que se expande al sometimiento de una incipiente nueva clase social, el proletariado.

La segunda contradicción, se desarrolla en las distintas relaciones de poder entre las naciones, ya que para que el sistema pueda funcionar, se requiere de un país explotador y otro país explotado, las grandes empresas que se instalan en Chile, son por cierto, británicas, por tanto, los dueños del capital; mientras el país explotado se regocija en la absurda creencia, que el camino a la independencia económica, se pavimenta incrementando la capacidad de exportar materias primas, sin ningún valor agregado.

Las autoridades políticas de la época, aunque con ciertas coincidencias, de las actuales autoridades, insisten en este camino, ya que comprenden que sus limitados espacios de libertad, están unidos al desarrollo de las grandes potencias, ante el miedo a su propio pueblo, prefieren conformarse con la parte de la ganancia que les toque.

La tercera contradicción, es el crecimiento de la población urbana, según Foster: “los grandes centros , acumulan la fuerza motriz histórica de la sociedad”, pero al mismo tiempo, agrega: “perturba el metabolismo entre el hombre y la tierra”.

Lo que provoca un sentido contradictorio, puesto que es precisamente el desarrollo de la agricultura capitalista, quien tiende a incrementar la vida urbana, por sobre la vida rural.

Todo progreso de la agricultura capitalista no es solo un progreso en el arte de esquilmar al obrero, sino a la vez, en el arte de esquilmar al suelo; todo avance en el acrecentamiento de la fertilidad de éste durante un lapso dado, un avance en el agotamiento de las fuentes duraderas de esa fertilidad” (Foster, 2013).

Entonces, ¿qué viene a aportar a la historia, la producción capitalista en general, y la agricultura capitalista en particular?, más allá, de una mayor capacidad de extraer los “frutos de la tierra”, lo realmente relevante de destacar, es su responsabilidad histórica ineludible en la actual crisis ambiental. Como lo señala, la Corriente Marxista Internacional, en sus tesis acerca de la crisis climática “el capitalismo está matando al planeta”, agregando que el movimiento de masas debe señalar un camino, “el cambio de sistema, no el cambio climático”, es decir, “el planeta por encima de los negocios”.

En ese análisis, la CMI irrumpe con una fuerza teórica fundamental, poniendo sobre el banquillo, al verdadero causante:

Es el sistema capitalista, con su insaciable búsqueda de ganancias, el responsable de la destrucción del medio ambiente, de la destrucción de los ecosistemas y de la contaminación del aire que respiramos y del agua que bebemos (…), bajo el capitalismo, son las grandes empresas las que deciden lo que se produce y cómo se produce”. (CMI, 2020).

Lo más preocupante, es que la actual producción capitalista, casi doscientos años después, de las investigaciones de los científicos antes mencionados, y de reflexiones en torno a las condiciones materiales de la naturaleza; se ha acrecentado enormemente su capacidad destructiva, pues no estamos hablando de cualquier forma de producción, sino a una irracional que se autodetermina, sin control alguno salvo el mito que se ha creado de su famosa “mano invisible”, teniendo como único objetivo real, reducir costos, superar a la competencia, captar mercados y maximizar ganancias. En este escenario, ¿qué pueden importar las condiciones de trabajo, y menos aún, la preservación de la biodiversidad?

La CMI, continua en sus reflexiones y plantea, que no se puede esperar otro resultado de “un sistema basado en la propiedad privada, la competencia y la producción con fines de lucro”.

En este sentido histórico, no podemos hablar de una crisis ambiental o de un cambio climático, en el que todos somos por igual responsables, puesto que los niveles de producción planetaria, con un claro y evidente, efecto dañino a la naturaleza, se encuentra condicionado a las grandes decisiones de los dueños del capital; quienes se autodeterminan bajo la complicidad del poder político y mediático, es más fácil, culpar a la falta de educación ambiental y concientización de los millones de ciudadanos a pie, que asumir el deterioro de un sistema enfermo, que solo ha provocado desastres en los últimos siglos. Pero lo realmente cierto, que plantean los poderosos, es su llamado a los ciudadanos comunes y corrientes, a asumir el desafío de luchar contra el cambio climático, mientras ellos se lavan las manos.

Efectivamente, no hay una verdad tan elocuente, sobre el protagonismo que se debe asumir, desde los espacios fuera de las grandes esferas de poder, crear un movimiento de masas tan arraigado y profundo, que impulse una propuesta comunitaria y rupturista, una propuesta que permita recomponer los efectos de esta fractura metabólica, repensando una nueva forma de sociedad humana.

Luis Emilio Recabarren y el desarrollo de las fuerzas reales del sindicalismo chileno

Mauricio Olave Sierra

El contexto en que se expresan las primeras luchas proletarias en Chile, coincide con la dominación del imperio británico, que se profundiza con la “victoria” en la Guerra del Pacífico, conflicto bélico que anexa territorio peruano y boliviano al territorio nacional. Con esta conquista bélica, Chile adquiere control sobre grandes extensiones de territorio y con ello, se adueña del salitre irrumpiendo en la economía mundial, en pleno auge de los fertilizantes naturales.

En la mayoría de los países latinoamericanos, incluyendo Chile, el camino que siguió la oligarquía terrateniente fue convertir a los países en exportadores de materias primas. El imperialismo británico se iba apoderando de las riquezas naturales, provocando que el presidente liberal José Manuel Balmaceda, se opusiera al predominio británico sobre el salitre, según sus propias palabras, no estaba dispuesto a que el país se convirtiera en “una simple factoría extranjera”. Como consecuencia de este acto de rebeldía en defensa de la soberanía, el imperialismo británico impuso una cruenta guerra civil en alianza con una burguesía local incapaz de generar un proyecto nacional, corrompiendo a políticos y militares. Balmaceda es derrotado, y el capital británico termina por imponer sus términos.

La industria salitrera crece de forma exponencial, y esto provoca un crecimiento demográfico de trabajadores de diversos países en las pampas salitreras. Ayuda en este proceso, los “enganchadores” que eran personas encargadas de atraer mano de obra barata, muchas veces con engaños sobre las bondades de la industria y excelentes condiciones laborales. Una vez contratados los obreros, se daban cuenta que sus jefes británicos tenían una sola cosa en mente, la rentabilidad, a costo incluso de las vidas humanas. La falta de regulación y de medidas de seguridad provocaban tasas elevadas de accidentes de trabajo, pero para las empresas salitreras era preferible a invertir en la seguridad de los trabajadores. Esta no era la única forma en que estos empresarios demostraban su desprecio hacia los obreros. Además, existían las pulperías, almacenes instalados al interior de las oficinas salitreras, en las cuales los obreros debían obligatoriamente comprar, incluso a precios que superaban el 100% del valor en el comercio regular. Estas pulperías eran de propiedad de las salitreras, y se pagaba con fichas que solo eran útiles en las pulperías de sus patrones, ya que a los obreros no se les pagaba con dinero real, como forma de someterlos y forzarlos a mantenerse trabajando bajo ese sistema de explotación.

Alguna prensa de la época, denuncia a las salitreras como centros de torturas, al margen de o protegidas por la ley. Se asumían a sí mismas como encargadas de impartir justicia dentro de los límites de su propiedad, con la existencia de cepos y garrotes para castigar a los trabajadores, aunque solamente sea por sospechas de haber cometido algún delito dentro de sus instalaciones. Por cierto, las faltas más comunes merecedoras de castigos brutales, podían ser: organizarse y comprar artículos fuera de las pulperías.

El descontento social se hizo latente con mayores niveles de organización y audacia. Y con ello, comienzan a naturalizarse las masacres obreras, teniendo un momento cúspide en la memorable Matanza en la Escuela Santa María de Iquique, el 21 de diciembre de 1907. Se habla de unos 3600 obreros asesinados junto a sus familias, obreros que exigían un petitorio tan básico y necesario, fueron engañados para esperar respuestas en aquella escuela. Presas del hambre continuaron con sus convicciones intactas, hasta que finalmente se da la orden de ejecución. Las primeras ametralladoras adquiridas por el gobierno para el ejército, serían estrenadas contra los pampinos en Iquique. Diversos consulados, entre ellos, el consulado boliviano, hacen gestiones para salvar la vida de los obreros extranjeros que se encontraban entre los huelguistas, pero su respuesta fue unánime: “con los chilenos vinimos, con los chilenos morimos”, desatando la masacre mas relevante de la historia de Chile.

La Matanza en la Escuela Santa María tiene un efecto inesperado para la clase dominante. Pretendieron dar una lección de terror a la clase obrera, pero lograron que esta adquiriera mayor conciencia de clase. Con Luis Emilio Recabarren, obrero tipógrafo, conocido hasta ahora como “el padre del movimiento obrero chileno”, antiguo militante del Partido Demócrata, comienza a germinar con fuerza la necesidad de que la clase obrera se representase a si misma, con los intereses propios de su clase social. En este sentido, Recabarren va rompiendo con su antiguo partido hasta crear un nuevo partido político independiente de las tendencias burguesas predominantes. Primero se crea la Federación Obrera de Chile (FOCH) en 1909, y desde ahí, los sectores mas avanzados de la FOCH, en 1912 fundan el Partido Obrero Socialista (POS), que diez años después pasa a llamarse Partido Comunista de Chile, al incorporarse a la III Internacional.

Desde un comienzo, existe una estrecha vinculación entre la FOCH y el POS, es decir, que se logra cohesionar la organización sindical con la organización política de los trabajadores, logrando impulsar una organización con un marcado sello clasista y revolucionario. En aquel tiempo las ideas anarcosindicalistas tenían un fuerte predominio, a las que Recabarren contrapone sus tesis, la necesidad de dar batalla a través de un partido político de origen obrero.

La ofensiva del capitalismo se expresaba en la creencia de su superioridad frente a la clase obrera. Es muy significativa aquella frase pronunciada por Eduardo Matte Pérez, dirigente político de una histórica familia oligarca, los “Matte”, que señala en 1892 “Los dueños de Chile somos nosotros, los dueños del capital y del suelo; lo demás es masa influenciaste y vendible; ella no pesa ni como opinión ni como prestigio”. En este sentimiento de superioridad de la clase dominante se basaba la crudeza del enfrentamiento de clases, que tuvieron que enfrentar aquellos primeros dirigentes revolucionarios. La sensación de indefensión ante los poderosos, lleva a Luis Emilio Recabarren, a plantearse nuevas tesis en la lucha social. Sin tener en un comienzo contacto directo con las ideas marxistas, este dirigente y pensador chileno, logra interpretar críticamente la sociedad y sentar las bases de un pensamiento clasista.

Con plena conciencia de que el objetivo estratégico del naciente sindicalismo era la construcción de una nueva sociedad humana, comprende que las luchas reivindicativas son pasos necesarios dentro de un contexto superior. Aprovecha hábilmente cada conquista, como medio de una escalada creciente con perspectiva estratégica. Influye en su análisis una verdad incuestionable, que la clase obrera debía prepararse para grandes batallas, por lo que reconoce que hace falta un gran trabajo en esta perspectiva, señalando el desarrollo de las fuerzas reales del proletariado, es decir, trabajar sobre la capacidad real del pueblo, para lanzarse a la lucha de clases con posibilidades ciertas de vencer. En este sentido, el desarrollo de las fuerzas reales, adquiere un sentido conceptual. Su base son acciones en el campo de la educación popular, ideológica y de organización. Un aspecto central dentro de las fuerzas reales, son las fuerzas intelectuales, a las que otorga mayor importancia desde la práctica militante.

Con esta idea de las fuerzas reales, va impregnando a la organización obrera de un sello transformador y militante. Su principal contribución en este ámbito, es proporcionar fundamentos sólidos a la acción sindical, sin importar incluso si la organización es pequeña, esta puede ser influyente en su ambiente. Recabarren pensaba que la educación puesta al servicio de una causa colectiva, por medio de una acción inteligente y metódica, entregaba a las luchas sociales y sindicales un alto valor por sí misma. Los trabajadores debían capacitarse a través del sindicato, y en este campo de la actividad educativa de masas, se consideran dos elementos: el primero es la capacitación técnico industrial y el desarrollo de la cultura popular; el segundo es proporcionar las condiciones para el desarrollo del pensamiento, porque es efectivo que los seres humanos antes de ejercer la acción sindical y política, requieren comprender la educación en un doble sentido, es decir, la educación como medio de subsistencia y la educación como medio de pensamiento critico frente a la sociedad que requiere ser transformada.

En la conquista de aumentos salariales, reducción de la jornada laboral, mejoras en las condiciones de seguridad y salud en el trabajo, la huelga resultaba fundamental. Pero la huelga vista como un acto preparatorio, como un espacio de asimilación y formación donde por un lado, se pueden obtener estos u otros beneficios, es decir, conquistas que pueden lograrse sin afectar al sistema capitalista desde lo medular. Y por otra parte, conquistas que ocasionan un daño mayor a la clase patronal. De todas formas, cualquier conquista podía constituirse como un impulso moral, demostrando a las masas populares que la organización era el camino para lograr mejores condiciones laborales y la emancipación de la clase obrera.

Recabarren demostraba confianza en el espíritu revolucionario del pueblo, y solía decir que la “monstruosidad” de la explotación terminaría por impulsar a los trabajadores a la lucha frontal contra el régimen opresor, sacándolos de su estado de inacción y temor a los capitalistas. En ese sentido primario de organización, la clase obrera se enfrenta a sí misma, a sus propias vacilaciones e incoherencias. Este proceso de auto-aprendizaje va acompañado del debate en las asambleas, donde es posible que se generen múltiples demandas, sin que necesariamente apunten a soluciones reales. Este ejercicio dialogante entre pares que comparten miserias y esperanzas, es el germen de la revolución. Asumirse desde su realidad de explotado y reconocerse con un otro, es un aprendizaje tan significativo que sería injusto cuestionarlo solo aludiendo a lo precaria de la organización y las falencias en el petitorio de demandas.

El concepto de explotación desde la perspectiva de Recabarren, paulatinamente va adoptando la ideología marxista. Motivado por el triunfo de la Revolución de Octubre, el movimiento obrero chileno realiza actividades financieras para poder conocer la experiencia en Rusia, donde Recabarren viaja y trae grandes enseñanzas. En 1923, publica el libro “La Rusia Obrera y Campesina, algo de lo visto en una visita a Moscú”, síntesis de una estadía de 43 días en aquel país, donde Recabarren destaca su motivación para conocer la experiencia de los bolcheviques en el poder, de corroborar si efectivamente existía un gobierno de los trabajadores y más importante aún, si existía la posibilidad de la restauración del capitalismo. Ya un Recabarren más maduro, y asumido como marxista, declara: “quise convencerme si las condiciones del pueblo ruso eran más propicias para la revolución y para el comunismo que las condiciones del proletariado chileno para acometer la misma empresa”, y luego añade: “y creo no engañarme si aseguro que al proletariado de Chile solo le falta disciplinar un poco más su organización política y económica para encontrarse en capacidad de realizar la revolución social”, finalizando con la conclusión “solo así, expropiará todo el régimen de explotación capitalista, que termine definitivamente con el caos capitalista incapaz de producir el bienestar social que reclama la población de Chile”.

El viaje de Luis Emilio Recabarren a la Rusia Bolchevique en los tiempos en que Lenin aún vivía, logra cristalizar en este revolucionario chileno toda una serie de reflexiones entorno al marxismo y la experiencia de lucha del proletariado chileno. Pasando por grandes procesos, desde su adolescencia cuando a los 14 años ingresa a trabajar a una imprenta, dejando sus estudios, a tomar conciencia de las injusticias sociales e interpretar la realidad social, organizar a los trabajadores sindical y politicamente, asumir que la lucha del proletariado debía culminar en la construcción de una nueva sociedad, luego incorpora el marxismo como ideología, sin encontrar grandes contradicciones a sus contribuciones anteriores. Pero lo mas relevante, es que este recorrido reafirma sus tesis sobre las fuerzas reales, que lo convence aún más de que el proletariado chileno puede hacer la revolución, pero para ello requiere fortalecerse aún más. Es decir, debe seguir promoviendo el desarrollo de sus fuerzas reales, debe seguir educándose, mejorar sus organizaciones y prepararse para el enfrentamiento frontal que termine en la victoria.

Estas reflexiones de Recabarren al regresar a Chile tuvieron un gran impacto en el proletariado chileno. Es más, su prestigio y autoridad entre los trabajadores pudo haber sido un factor determinante en que el POS tomará la decisión unánime de pasar a llamarse Partido Comunista y asumirse como un partido marxista, cosa que no ocurrió en otros países, donde hubo escisiones mayoritarias y minoritarias al momento de tomar esa misma decisión. Esto es debido a un trabajo de años, en que Recabarren desde un inicio imprimió un perfil ideológico clasista y revolucionario.

Recabarren estaba firmemente convencido que las organizaciones de base, que cada persona que formaba parte del sindicato, incluidas sus familias, eran la fuerza vital para alcanzar una nueva sociedad humana. Por ello, es tan conocida esa anécdota en los tiempos del Partido Obrero Socialista, cuando algunos de sus compañeros deciden seguirlo a escondidas para corroborar las palabras siempre optimistas con que solía reportar sus encuentros con obreros. Para muchos dirigentes del POS, resultaba extraño tantas buenas noticias, y en eso, se encontraron con una escena que los llenó de dudas respecto a la honestidad de su compañero de lucha. Vieron a Recabarren conversar por horas con una sola persona, al fracasar la convocatoria de una asamblea de trabajadores. Como era de esperarse, sus compañeros le reprocharon su actitud, no podían entender que fuese considerada como exitosa una jornada donde llega solo un asistente. Leal a sus principios, éste responde que efectivamente fue una jornada de alegría para la causa del socialismo, porque en esa conversación de horas, había logrado incorporar un nuevo militante para el POS. Ese era Recabarren que anteponía lo estratégico, pues para él, haber logrado un militante para la lucha por una nueva sociedad, como para cualquier revolucionario verdadero, era en si misma una victoria para la causa proletaria, quizás incluso mucho mejor que haberse encontrado con una asamblea desbordante, pero sin obtener de ella fortalecer a la organización revolucionaria.

Las condiciones materiales con las que se enfrenta la organización sindical, no se puede separar de la realidad objetiva de los trabajadores como clase social, eso es parte de la esencia del marxismo. Recabarren estaba tan consciente de esta tesis, que sabia apreciar cada conquista, desde mejoras salariales hasta la afiliación militante revolucionaria. No se trataba de ser un dirigente conformista, sino todo lo contrario. Utilizaba hábilmente cada avance como parte de la construcción estratégica y no caía en la premura de lo urgente, como suele sucederle a esos dirigentes que se adentran tan profundamente en la contingencia, sin perspectiva histórica ni ideológica. Lo coyuntural era concebido como pasos necesarios, pero dentro de una perspectiva de mayor alcance. Por esto, esas conquistas que tienden a desmovilizar a las masas, es decir, que luego de alcanzadas ciertas demandas se termina debilitando la organización y la misma conciencia de las masas, eran vistas como algo perjudicial. Es en estos momentos cuando los cuadros dirigentes revolucionarios deben entregar claridad, con honestidad plantear una linea de acción, que permita darle conducción política revolucionaria al movimiento de masas.

Ahora entramos a la función de los dirigentes de la clase trabajadora, que cumplen un rol esencial para encauzar las luchas sociales. Este es un aspecto crucial, pues la clase obrera requiere luchar por una nueva sociedad, y por lo tanto debe incorporar a la acción sindical elementos políticos e ideológicos, de carácter revolucionarios, con un alto sentido de responsabilidad ante la historia y el conjunto de los explotados y oprimidos.

La cuestión política en el seno de los sindicatos es un asunto ético y de juicio, un dirigente realmente comprometido con la clase obrera, siempre buscará la forma de entregar elementos políticos-ideológicos para la discusión en el sindicato. Es una torpeza calificar de inmundo o no apropiado en los espacios del sindicalismo, el tratamiento de temas políticos. Esto sería favorecer las tesis burguesas sobre el rol gremialista de los sindicatos, pues conciben a estos como organizaciones que luchan por causas económicas dentro de los marcos institucionales, lo que en el Chile contemporáneo se ajusta a las negociaciones colectivas regladas por el código del trabajo. Esa relación entre el sindicato y la empresa, es contraria a las ideas de Recabarren que planteaba una lucha sindical compleja, amplia, solidaria y con perspectiva emancipadora.

Recabarren jamás oculto sus objetivos superiores, construir una nueva sociedad a través de la organización de los trabajadores. Incluso en un discurso pronunciado en la cámara de diputados en el año 1915, deja establecido como anhelo el derecho a conquistar el poder político, agregando a esto, “que si ese poder le es negado, el movimiento revolucionario no se quedará de brazos cruzados, luchará por el poder con firmeza por medio de la legalidad, y de no tener éxito”, afirma en la cámara que “nadie tendrá derecho a negarles hacer la revolución”. Pero este pensamiento es más anterior aún, en el año 1903, un artículo publicado por “El Trabajo”, periódico de la Mancomunal Obrera de Tocopilla, un obrero escribe: “La revolución seguirá impertérrita su marcha, tranquila si la libertad la ampara, violenta y terrible si se le pretende detener”. Esto también forma parte del desarrollo de las fuerzas reales, puesto que la clase requiere hacerse de todas las herramientas necesarias para la toma del poder, teniendo en claro, que la victoria revolucionaria será el resultado de un proceso de aprendizajes y luchas populares. Recabarren plantea claramente un horizonte estratégico a los trabajadores, y a la vez, es capaz de ir sentando las bases necesarias de preparación para afrontar las grandes batallas contra el capitalismo.

¿Cuánto de Recabarren existe en las luchas de la izquierda contemporánea?, aparentemente, su pensamiento sigue vigente y cumpliendo una función orientadora de la acción sindical, aunque llevado al extremo de la caricatura de dirigente formal y conciliador, pacifista y reformista. Recabarren fue un organizador y educador de masas por excelencia, mantuvo su claridad en los momentos más complejos dentro de la organización partidaria, pese a quedar en posición de minoría, despreciado por la tendencia que pretendió erradicar sus ideas al interior del Partido. Entrado el proceso denominado como “bolchevización del Partido”, después de su muerte ocurrida el 19 de diciembre de 1924, y pese a las grandes manifestaciones de masas, de trabajadores que le rinden homenaje, comienza a instalarse la idea que el legado de Recabarren carecía de fortaleza ideológica, siendo un verdadero peligro y desviación para impulsar un proceso revolucionario en Chile. Esta intención de opacar su legado coincide con la “estalinización” del Partido Comunista de Chile.

En la actualidad, entender a Recabarren es tarea sencilla cuando se continua luchando como él lo hizo, creando movimiento popular desde sus raíces, como expresión genuina de las necesidades mas sentidas del pueblo. Uno de sus grandes legados, pese a ser por momentos ignorado, es el desarrollo de las fuerzas reales con las que debe contar la clase proletaria, en su misión emancipadora, el poder que radica esencialmente en la organización de los trabajadores. En esto, Luis Emilio generó grandes aportes, no solo organizando mancomunales y sindicatos, sino creando una infinidad de periódicos obreros, bibliotecas y llevando el teatro y otras expresiones artísticas al alcance del pueblo, representando la sociedad de clase y que los obreros pudiesen verse a sí mismos representados. Además impulsó campañas contra los vicios, denunciando entre otros, al alcoholismo, como una de las trabas de la clase obrera en su misión revolucionaria.

Nuestra tradición centenaria de luchas obreras nos lleva a grandes desafíos, uno de ellos es retomar los valores y enseñanzas de luchadores como Luis Emilio Recabarren, que cobran vigencia a medida que el avance de las fuerzas políticas contrarias a los intereses de los trabajadores se consolidan, al menos electoralmente. Ante esto, la gran pregunta es, ¿se encuentran los trabajadores y sus organizaciones preparadas, para impulsar una alternativa con perspectiva socialista?, evidentemente, a pesar de nuestros anhelos, es necesario reconocer que no estamos preparados, por lo tanto, al igual que Recabarren en su propio tiempo, debemos analizar minuciosamente nuestra realidad y ponernos a dotar de fuerzas reales a la clase trabajadora. Nuestro trabajo debe abocarse entre otras tareas, al fortalecimiento organizativo e ideológico de las masas populares, sobretodo en este auge de descontento social que se vive en Chile, las luchas callejeras requieren de una perspectiva crítica, emancipadora y de transformación revolucionaria de la sociedad.

La derecha pinochetista levanta cabeza. ¿Cómo detener a Kast?

El candidato de ultraderecha Jose Antonio Kast, pasa a segunda vuelta con una primera mayoría de 28%. Gabriel Boric, de Apruebo Dignidad (coalición del Frente Amplio con el Partido Comunista) obtuvo el 26%, una diferencia de 150,000 votos.

Continua leyendo “La derecha pinochetista levanta cabeza. ¿Cómo detener a Kast?”

¡Los trabajadores chilenos no son desechables, ningún apoyo al imperialismo noruego!

El pasado 5 de agosto, una delegación de trabajadores de SINACIN, Sindicato de la Construcción Industrial, se manifestaron frente a la embajada de Noruega, esperando que el cónsul interceda para que la empresa se siente a conversar con ellos.

Continua leyendo “¡Los trabajadores chilenos no son desechables, ningún apoyo al imperialismo noruego!”

Chile. Resultados de elecciones constituyentes. La irrupción de los independientes y la derrota de los partidos de la transición.

Los resultados de las elecciones a la Convención Constituyente en Chile durante el fin de semana representan un terremoto político, con un fuerte rechazo de todos los partidos establecidos, lo que puede entenderse como la expresión política (distorsionada) de la insurrección de 2019.

Continua leyendo “Chile. Resultados de elecciones constituyentes. La irrupción de los independientes y la derrota de los partidos de la transición.”

¿Es suficiente la renta básica de emergencia?

El miércoles 12 de mayo, una parte de la oposición chilena formado por políticos del PS, PPD, RD y DC presentó al gobierno una propuesta formulada después de un “conclave” llevado a cabo el sábado recién pasado y una reunión posterior. El documento contiene sugerencias económicas para enfrentar la crisis económica y la pandemia. Forman parte del dialogo en base a “mínimos comunes” que está sosteniendo la centro-izquierda de la oposición y que es impulsada por la presidenta del senado, Yasna Provoste, entre otros. Uno de los puntos centrales es la implementación de una Renta Básica de Emergencia. La propuesta es definida en base a cuatro puntos: 1) que tenga carácter universal, es decir, la ayuda llegaría al 100% del Registro Social de Hogares (RSH), pero se excluiría a los hogares de ese grupo que tengan un ingreso mayor (décimo decil) a través de una comprobación con información de otros organismos; 2) suficiencia del monto o que se encuentre sobre la línea de la pobreza, pero que también considere otros gastos no esenciales y dependientes de cada hogar como endeudamiento, enfermedades o educación. Se propone que la Renta Básica de Emergencia sea el valor que resulta de aumentar al monto de la línea de la pobreza según el número de integrantes del hogar, más un 30%; 3) que la duración de la medida se ajuste a la existencia de la pandemia, es decir que sea prorrogable si la situación económica y sanitaria lo exige; y 4) que el pago de este beneficio sea simplificado, es decir, que la asignación sea automatizada y sin postulación. Además, el documento incluye otras medidas como un plan de recuperación para MiPymes y sectores postergados; el fortalecimiento de las medidas sanitarias (incluyendo la gratuidad del PCR) y la incorporación de Fuentes de Financiamiento para la emergencia y el mediano plazo. En este último punto, se tratan aspectos como reducir la evasión y elusión de impuestos, y la eliminación de ciertas exenciones tributarias.

Continua leyendo “¿Es suficiente la renta básica de emergencia?”

“Hay que estudiar el marxismo. Ser una organización viva”: Entrevista a compañero de la Olla Común Hugo Manascero en La Pintana.

A fines de enero 2021, convenimos una entrevista con el compañero José Salas, obrero comunista, quien nos contó sobre los orígenes de la población San Rafael en la Pintana, la lucha contra la dictadura, y la Olla Común Hugo Manascero. En el grupo Octubre de la Corriente Marxista Internacional, consideramos importante dar voz a militantes de la clase trabajadora, contribuyendo con su experiencia a la memoria histórica.

Continua leyendo ““Hay que estudiar el marxismo. Ser una organización viva”: Entrevista a compañero de la Olla Común Hugo Manascero en La Pintana.”

Qué pasa en Carabineros de Chile

No pasa un sólo día sin que Carabineros de Chile haga noticia por su brutalidad, corrupción e incompetencia. El miércoles 18 de noviembre, se viralizaron imágenes donde balearon a dos menores de edad, en un centro que colabora con el SENAME en Talcahuano. El presidente en su estilo indolente se refirió a los niños como “accidentados”. Los hechos provocaron finalmente la salida del Director General Mario Rozas, en el cargo desde diciembre 2018, por tanto responsable desde el “estallido” de las más de 8 mil denuncias por violaciones a DDHH. 1,315 de estas a menores de 18 años, 364 denuncias por violencia sexual y 460 víctimas de trauma ocular (datos a Junio 2020). ¿Qué pasa realmente en Carabineros? ¿Es posible reformar la policía?

Continua leyendo “Qué pasa en Carabineros de Chile”

Triunfo contundente del Apruebo – un golpe a Piñera y al régimen

Con una mayoría contundente gana el Apruebo, un 78% contra 22% del Rechazo. El plebiscito decide cambiar la constitución de la dictadura. Una victoria que la clase trabajadora celebra y siente como propia. Después de un año de la marcha más grande de Chile, el pueblo ha pasado por muchas cosas. La represión, abusos, muertos y mutilados; también engaños y manipulaciones mediáticas. Y considerando la pandemia, vemos una importante participación récord de 50%. Y esto de cara a una verdadera tormenta electoral en los próximos meses. ¿Qué significa esta victoria?

Continua leyendo “Triunfo contundente del Apruebo – un golpe a Piñera y al régimen”