Por la liberación socialista de Palestina: primera edición ya disponible

Por Martín Castañedapalestina & revolución
Por la liberación socialista de Palestina: primera edición ya disponible

Ya está disponible la primera edición de “Por la liberación socialista de Palestina”, la primera publicación de los Comunistas Revolucionarios de Chile. En este libro presentamos, en 8 capítulos, una compilación de artículos de la Internacional Comunista Revolucionaria sobre una de las temáticas más relevantes de nuestros tiempos, la liberación de Palestina.

En esta publicación revisamos:

  • Algunos de los eventos más recientes desde que comenzó el brutal ataque de Israel contra la población de Gaza, luego de los ataques del 7 de octubre de 2023 organizados por Hamás
  • La historia de la ocupación de Palestina, la Nakba y la fundación del Estado de Israel
  • Las grandes rebeliones de masas de las primera y segunda Intifadas
  • Cuál es la posición de las y los comunistas para la liberación del pueblo palestino

A continuación dejamos la presentación que abre este tremendo e importante trabajo y que ya pueden obtener para así conocer la perspectiva comunista revolucionaria en defensa de una Palestina libre.

¡Intifada hasta la victoria!

Mano sosteniendo libro

Horror sin fin

En octubre de 2025 se firmó en Egipto el acuerdo de cese al fuego en Gaza entre Israel y Hamás, lo que fue comunicado al mundo por el presidente de EE. UU., Donald Trump, en la plataforma Truth Social.

Como Internacional Comunista Revolucionaria dimos cuenta del horroroso panorama entonces:

“el 78% de todos los edificios de la Franja de Gaza han sufrido daños. Más de la mitad han quedado completamente destruidos. La mayoría de las escuelas han sido destruidas, no queda ni una sola universidad. No hay ni un solo hospital en funcionamiento. La mayor parte de la población vive hoy en tiendas de campaña en el centro de Gaza y a lo largo de la costa sur. El 98,5% de las tierras agrícolas han sido destruidas. Toda la infraestructura ha desaparecido: no hay agua corriente, ni sistema de alcantarillado, nada”.

Durante los dos años del genocidio en Gaza, luego de los ataques del 7 de octubre de 2023, ha sido imposible ignorar los numerosos registros en redes sociales del alcance y consecuencias de la masacre y destrucción perpetradas por el sionismo israelí.

Por un lado, gazatíes llorando a sus familias asesinadas, especialmente niños y niñas, y la pérdida de todos sus medios de vida y subsistencia tras los bombardeos indiscriminados de Israel. Por otro, los mismos soldados del ejército israelí, ufanándose de esos bombardeos y del saqueo a lo poco y nada que quedaba en las abandonadas residencias palestinas.

Solo en los primeros 100 días de los ataques a la población civil de Gaza, Israel lanzó el equivalente a tres bombas de Hiroshima. Semejante deshumanización y descaro han obligado a los pueblos del mundo, especialmente a toda una generación de la juventud, a tomar conciencia de lo que realmente significa el proyecto imperialista y etnosupremacista del Estado de Israel.

Incluso después del cese al fuego, al momento de escribir estas palabras, Israel ha violado el acuerdo y asesinado al menos a 242 palestinos y herido a 622, además de continuar con la destrucción de la infraestructura pública.

Donald Trump y Benjamín Netanyahu en la Casa Blanca
Presidente de EE. UU., Donald Trump, y primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, en la Casa Blanca, septiembre 2020.

Mientras millones de personas en todo el mundo dan cuenta de los actos de la ideología reaccionaria y genocida que es el sionismo, la solidaridad con la causa palestina se ha manifestado de forma creciente entre sectores de la juventud y la clase trabajadora de diversos países.

En sectores estratégicos de la economía y centrales sindicales de países occidentales, se han organizado huelgas generales de trabajadores y manifestaciones de acción directa para ejercer justa presión contra sus Gobiernos burgueses por el apoyo diplomático y económico a la destrucción del pueblo palestino (Italia, España y Latinoamérica). Por otra parte, estudiantes de diversas universidades en bastiones del capitalismo occidental generaron campamentos en sus casas de estudio como acciones de protesta.

En Chile también se produjo un rápido despertar en la conciencia de miles. Ya en noviembre de 2023 se realizaron manifestaciones contra el genocidio, como una marcha de aprox. 5.000 personas en el centro de Santiago. Luego, en marzo de 2024, una gran marcha en la capital reunió a unas 20.000 personas. Además, se realizaron jornadas de movilizaciones en más de 10 ciudades a lo largo del país, a lo que se sumó el llamado de más de 130 organizaciones al Gobierno de Gabriel Boric a romper relaciones diplomáticas, económicas y militares con Israel.

En la Universidad de Santiago, gracias a la presión ejercida por estudiantes, se logró la suspensión de convenios con dos universidades israelíes. En la Universidad de Chile, estudiantes consiguieron romper convenios de la Facultad de Filosofía con Israel y ejercieron presión a la rectoría con un campamento en la Casa Central.

Por si toda la destrucción no fuera suficiente, Israel ha asesinado a miles de civiles, en su mayoría niños y niñas. Ya en 2024, la ONU reportaba más de 16.000 niños muertos, sumándole unos 21.000 que están considerados desaparecidos. Los números reales sin duda son mayores a los oficiales.

Personas llorando a familiares
Familiares lloran a sus seres queridos en la morgue del hospital Nasser, Gaza, agosto 2024.

Por décadas Gaza ha sido considerada un verdadero gueto, la prisión al aire libre más grande del mundo. Desde el año 2007 que el Estado sionista sostiene un bloqueo contra la población gazatí. El medio israelí The Times of Israel, en 2012, incluso se vio obligado a reportear que, según exponía un documento del Ministerio de Defensa, Israel hizo precisos cálculos de las calorías a ser ingeridas por la población palestina para así limitar la cantidad de comida que ingresaba en forma de ayuda humanitaria.

Los residentes de la Franja han sufrido bombardeos por muchos años bajo la estrategia israelí de “cortar el pasto”, que consiste en lanzar bombas a la población civil e infraestructura pública bajo la excusa de disminuir el poder de fuego de Hamás. Todo esto y más ha hecho que la población palestina en Gaza no tenga acceso a agua en condiciones idóneas para ser potable; que el 64% de la población sufra inseguridad alimentaria, mientras que aprox. el 80% de la población vive bajo la línea de la pobreza; que no tengan acceso a empleo para conseguir medios de subsistencia y que un 70% de la población estén declarados refugiados.

Pero la opresión al pueblo palestino no está limitada a la Franja de Gaza. También en Cisjordania se han expandido a lo largo de décadas los asentamientos, efectivamente anexionando cada vez más territorio, bajo el argumento de “estrategia de autodefensa”. De hecho, hasta octubre de 2023, Netanyahu había aprobado la construcción de 13.000 viviendas en los asentamientos de Cisjordania, lo que constituye un récord desde que se registran de forma anual estos números.

No obstante, los ataques de Hamás fueron usados como justificación para escalar la agresión tanto del ejército de Israel como de los colonos contra la población de Cisjordania, ocupando todo el poder del Estado sionista para arrasar con casas y familias enteras para tomar más y más territorio.

El soporte imperialista de Israel

Israel también se ha asegurado de mantener el involucramiento de EE. UU. y sus lacayos europeos saboteando todos los intentos previos por conseguir acuerdos de cese al fuego, pero también escalando los actos de guerra contra sus enemigos comunes de la región.

En septiembre de 2024, Israel realizó múltiples ataques terroristas en el Líbano, detonando explosivos escondidos en beepers y walkie-takies, bajo la excusa de atacar a Hezbolá por su involucramiento militar en defensa de Gaza. Estos ataques dejaron decenas de muertos y heridos, incluyendo civiles y niños. Unas semanas más tarde, Israel dio el siguiente paso en la escalada al asesinar a Hasán Nasralá, el líder de Hezbolá, en un bombardeo directo en territorio libanés.

Menos de un año después, en junio de 2025, Israel bombardeó a Irán, comenzando una serie de ataques de ida y vuelta entre ambos países. Luego, el mismo mes de junio, con la justificación de “detener” el programa nuclear de Irán, EE. UU. usó bombarderos B-2 y un submarino nuclear para lanzar 190.000 kg de explosivos antibúnkers contra instalaciones nucleares iraníes en Natanz, Isfahán y Fordo.

General estadounidense frente a mapa de operación militar
General Dan Caine en rueda de prensa informando sobre operación “Midnight Hammer” de bombardeo contra Irán.

La ocupación sionista de Palestina tuvo como uno de sus primeros pasos importantes el plan de partición de la ONU de 1947. El mismo David Ben-Gurión, quien sería el primero en ocupar el cargo de primer ministro de Israel, vio la aceptación de este plan como un paso táctico para ocupar todo el territorio palestino.

Pero es importante notar que el genocidio en Gaza comenzado en 2023 se ha llevado a cabo en un contexto mundial de crisis aguda del capitalismo. Desde la crisis económica del 2008 no solo han empeorado las condiciones de vida de la clase trabajadora en todo el mundo —de lo que no se escapan ni las grandes potencias económicas—, sino que se ha acumulado un tremendo descontento y odio contra las clases dominantes y el sistema que impera.

La pandemia del COVID-19 demostró la absoluta incapacidad del capitalismo de dar una respuesta satisfactoria en defensa de las vidas humanas, por el contrario, mantener la máquina de explotación capitalista se puso como la primera prioridad sin importar la latitud. ¿El resultado? Un aumento grotesco en las ganancias de las mayores corporaciones del planeta, especialmente de los más grandes multimillonarios.

Particularmente hipócrita ha sido el trato a Israel en contraste a cómo los Gobiernos y medios de comunicación hablan de Rusia por la guerra en Ucrania. Mientras Rusia es tratada como un Estado terrorista por estar en esta guerra “indirecta” contra la OTAN, Israel es protegido a toda costa. Y es que el interés de los representantes de la “democracia” —representantes del capital y sus sargentos— no es la defensa de la vida humana. Su mayor prioridad es enfrentarse contra los imperialismos del bando contrario, principalmente Rusia y China.

Volodímir Zelenski dándole la mano a Joe Biden
Zelenski y Biden en la Oficina Oval de la Casa Blanca reunidos por tecera vez desde el comienzo de la guerra en Ucrania, diciembre 2023.

Hoy día estas potencias se están enfrentando más abiertamente que no y, pese a que EE. UU. sigue siendo la economía capitalista más poderosa del planeta, ha habido un declive relativo en su poder y esferas de influencia, lo que la ha llevado a ajustar tuercas en los rincones del mundo donde esta influencia y dominio económico han disminuido o se ven amenazados.

Ejemplos de esto los podemos encontrar no solo en los territorios cercanos o dentro de China como Taiwán, Hong Kong y el sudeste asiático, sino que también en regiones como América Latina, donde se busca reforzar la centenaria “doctrina Monroe”. Ni los obedientes aliados de la Unión Europea se salvan del apriete de riendas.

El genocidio del pueblo palestino debemos entenderlo entonces como el producto de un momento en que las fuerzas imperialistas encabezadas por EE. UU. deben reafirmar su dominio en el escenario mundial y garantizar que sus representantes, como el “portaaviones inhundible” que es Israel, hagan eco diligentemente de esa política y aseguren la supremacía militar contra rivales de la región tales como el Líbano e Irán.

Por supuesto todo esto se alimenta del racismo y las ideas supremacistas del sionismo y el “orden basado en reglas” defendido por el imperialismo occidental, que intentan desesperadamente detener la obsolescencia a la que la historia les condena. Sin embargo, en ese proceso están perpetrando el genocidio con la mayor cantidad de registros fotográficos y audiovisuales que ha existido, haciendo gala del odio mortal contra la población árabe no solo de Palestina, sino que de todo Oriente Próximo.

Así, concretar y extender el genocidio, para pasar a la “solución final” del “Gran Israel” en el fondo no es más que el mismo proyecto burgués imperialista de explotación, ocupación y despojo que existía antes de la creación del Estado de Israel, bajo ocupación británica, y que hoy pretende venderse a las masas trabajadoras del mundo como la “única democracia” de la región.

Netanyahu mostrando dos mapas
Netanyahu en asamblea general de la ONU en 2023, mostrando un mapa titulado “La Maldición” (izquierda) con aliados de Irán y otro titulado “La bendición” (derecha) con el territorio total de la Palestina histórica como Israel, junto a sus potenciales aliados árabes.

Pero mucha menor atención reciben los íntimos vínculos entre Israel y la industria armamentista, así como la exportación de entrenamiento policial-militar y equipamiento para la represión de la clase trabajadora de diversas naciones (ver aquí, aquí y aquí).

Complicidad de los organismos internacionales

Ahora bien, cabe hacerse la pregunta, ¿cómo es posible que el genocidio pueda sostenerse por más de dos años?, ¿cómo es posible que incluso antes de 2023 el pueblo de Palestina sufriera tal opresión a vista y paciencia del mundo? En este caso la verdad es mucho más clara que intrincada.

Las diversas instituciones de las supuestas democracias occidentales, así como los organismos internacionales que tienen autodeclarados propósitos de “promover la paz, seguridad y amistad” entre las naciones, han sido totalmente cómplices del escenario que en primera instancia posibilitó el genocidio y luego de mantenerlo una vez comenzado.

Ejemplo de esto es que desde el plan de partición de 1947 hasta la fecha, la asamblea general de la ONU ha emitido al menos 915 resoluciones abordando la cuestión palestina. No obstante, año tras año la opresión israelí hacia el pueblo palestino ha ido aumentando en escala y horror.

Asamblea general de la ONU
Asamblea general de la ONU durante la votación del plan de partición de Palestina, 29 de noviembre de 1947.

En noviembre de 2024 la Corte Penal Internacional emitió órdenes de arresto contra el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, y el ahora exministro de Defensa, Yoav Gallant, por su involucramiento en el genocidio.

Dejando aparte la cuestión del sesgo o complicidad hacia Gobiernos occidentales en violaciones a los derechos humanos, la verdad es que los tratados internacionales y resoluciones suscritas destinadas a evitar nuevos casos de genocidio, “limpieza étnica” o castigo colectivo a población civil, datan de mucho antes del comienzo del genocidio en Gaza.

No ha sido sino gracias a la indignación y presión de las masas que se ha empujado a esta corte internacional, que parece siempre priorizar los crímenes de los enemigos del imperio, a reconocer públicamente la responsabilidad de dos altos funcionarios de Israel.

Pero al mismo tiempo, este gesto carece de real contenido de justicia, pues Netanyahu y Gallant no han visto consecuencias hasta el día de hoy, y esas mismas órdenes de arresto continuarán siendo esquivadas con la complicidad de los Gobiernos que supuestamente se someten a la jurisdicción de la corte. Y, sobre todo, el proyecto sionista lleva décadas de existencia y ha cometido los crímenes más horribles de forma impune mucho antes del año 2023 y más allá de la responsabilidad de dos altos funcionarios.

Jóvenes lanzando piedras en protesta
Jóvenes palestinos lanzan piedras en protesta durante la primera Intifada, diciembre de 1987.

Que cualquier corte u organismo internacional reconozca el real alcance de la destrucción de Palestina y asuma sus consecuencias sería un espaldarazo a la naturaleza opresiva y genocida del modelo de explotación en que operan y que buscan reproducir. Así, estas órdenes de arresto se parecen más a una cruel burla contra las masas que denuncian la masacre que a un ejemplo de insuficiente justicia atrasada.

Otro claro ejemplo de la insuficiente respuesta en apoyo al pueblo palestino lo encontramos en el Consejo de Seguridad de la ONU. Según establece la carta de las Naciones Unidas, todos los miembros convienen en “aceptar y cumplir” las decisiones de este consejo, es decir, es “el único órgano de la ONU cuyas decisiones los Estados Miembros [...] están obligados a cumplir” [Énfasis mío].

Pero basta ver que de las ocho resoluciones emitidas por el Consejo de Seguridad sobre la cuestión palestina desde los ataques del 7 de octubre de 2023 —resoluciones que, entre otras cosas, llaman a un cese al fuego permanente— EE. UU. ha vetado seis. El mundo entero puede ver el apoyo incondicional del imperialismo estadounidense al proyecto sionista, pero también el peso que tienen las “obligaciones” de los Estados cuando estas no se alinean con sus intereses de clase.

Todo esto ha ocurrido abiertamente frente al mundo y, sin embargo, los esfuerzos por cambiar la situación o condenas a Israel han sido tardíos, insuficientes o simplemente inexistentes. Pese a que la gran mayoría de la llamada comunidad internacional se declara en favor de la autonomía de Palestina y en contra del genocidio, la realidad es que no ha habido mayores costos para Israel.

Incluso en el nivel más ingenuo de la política burguesa, se podría haber ejercido gran presión diplomática para quitarle apoyo al Estado israelí y poner cortapisas a la continuación de la masacre. Como mínimo, se debería haber expulsado a todas las misiones diplomáticas israelíes y derechamente romper relaciones diplomáticas, comerciales y militares. Los pocos gestos en este sentido han llegado demasiado tarde.

En cambio, lo que hemos visto ha sido cobardía, obstruccionismo y connivencia desde los Gobiernos que funcionan bajo el alero de la influencia estadounidense, e incluso aquellos más críticos no han llegado lo suficientemente lejos.

Las instituciones, los tratados internacionales y los discursos de buenas intenciones, con vacíos clamores por justicia, han quedado expuestos como nada más que una mascarada de defensa de la humanidad. El relato oficial prometía un “nunca más” luego del holocausto que sufrió el pueblo judío a manos de la Alemania nazi.

Colin Powell levantando una ampolla de vidrio
En febrero de 2003, el entonces secretario de Estado de EE. UU., Colin Powell, mintió en el Consejo de Seguridad de la ONU sobre las armas de destrucción masiva que supuestamente estaba desarrollando Sadam Huseín en Irak.

Sin embargo, ejemplos como las “armas de destrucción masiva” en Irak, el golfo de Tonkín y la posterior invasión a Vietnam, y un largo etcétera, evidencian, junto a la opresión del pueblo palestino, la ineludible realidad: las instituciones presuntamente democráticas y de cooperación responden a nadie más que a las clases dominantes, a los capitalistas y al orden burgués de las naciones que dominan económicamente el mundo.

No hay un ápice de humanidad que sea defendida por este modelo o quienes lo representan. La complicidad y la cobardía de los líderes que supuestamente defienden la democracia y las causas justas quedan expuestas por lo que son, armas útiles del imperialismo y el supremacismo que está a cargo de la destrucción de Palestina.

Y aquí una importante lección, no podemos engañarnos y depositar ilusiones en las instituciones de la misma clase dominante que ha conducido la maquinaria de guerra a la destrucción y opresión de los pueblos del mundo y en particular de Palestina.

¿Qué podemos hacer por el pueblo de Palestina?

Ante la hipocresía de las clases dominantes, y la complicidad de sus instituciones en esta matanza, los comunistas revolucionarios asumimos el deber de presentar una alternativa que muestre un camino para que las masas puedan obtener justicia, pero, sobre todo, para poder transformar las condiciones que hacen posible que este orden de las cosas se mantenga.

Debemos contestar la desesperanza y el pesimismo con optimismo revolucionario, pues ninguna conquista justa y duradera se ha conseguido simplemente por gritar más fuerte o negociar con las personas correctas. Debemos nutrir el instinto de rebeldía que hoy recorre las venas de millones de personas, darle un cauce político que constituya un proyecto de sociedad en que ningún genocidio vuelva a ocurrir jamás.

Cultivar esta rebeldía con una base política sólida es, en definitiva, cultivarla con el método marxista, el único que históricamente ha permitido en los hechos la emancipación de las masas trabajadoras de la humanidad. No basta simplemente con denunciar y redundar en los horrores del sionismo y el imperialismo, lo que necesitamos es dar una orientación correcta que combata y erradique la explotación humana para el beneficio de una minoría parásita de la clase poseedora.

Necesitamos combatir los discursos vacíos de paz y las mesas de negociación con la clase dominante con la construcción de las fuerzas del comunismo. Debemos ser capaces de entregar las herramientas políticas y teóricas que han pasado por la forja del socialismo científico de Marx, Engels, Lenin y Trotsky, que representan lo más avanzado que ha podido generar el conocimiento humano.

Karl Marx y Friedrich Engels
Friedrich Engels y Karl Marx.

Hoy tenemos ante nosotros un mundo de caos causado por la crisis de un sistema que ha agotado su papel histórico. Ante la imposibilidad de reformarlo, ante los mecanismos enraizados de mantenimiento del orden capitalista y ante la consecutiva incapacidad de quienes prometen cambios sin romper con el capitalismo, una perspectiva revolucionaria es exactamente lo que el mundo necesita. Vivimos una crisis que azota todos los pilares de la sociedad. Es necesario derrocar este sistema.

Hoy se vuelve más claro que el camino “de paz” de la llamada “solución de dos Estados” en la Palestina ocupada no es realista, es imposible de materializar. Solo basta partir del hecho de que el genocidio y ocupación sionista ha resultado en un panorama de escombros de todo edificio e infraestructura pública, cuerpos mutilados, familias aniquiladas y asentamientos de colonos en lo que pudo alguna vez constituir un Estado palestino.

Para las masas trabajadoras del mundo es cada vez más claro que la ocupación y opresión a la que Israel somete al pueblo palestino no pueden ser resueltas mediante las resoluciones de los organismos internacionales del orden burgués, con las declaraciones de buenas intenciones o clamores de justicia. La liberación de Palestina no llegará con medias tintas.

Las masas de los países vecinos han demostrado su apoyo ferviente por el pueblo palestino, con manifestaciones masivas semana tras semana durante los últimos dos años, no sólo en apoyo al pueblo palestino, también contra la complicidad de sus gobernantes despóticos. La clase dominante de los países de Oriente Medio habla palabras vacías sobre sus “hermanos” palestinos, sin tomar un sólo paso para oponerse a Israel en la práctica.

Solo una perspectiva revolucionaria sobre la base de las clases trabajadoras de los países de la región tendría el poder suficiente para combatir y expulsar a los explotadores, desde las monarquías hasta el régimen burgués de Israel y los Gobiernos que han sido cómplices de la opresión palestina.

Especialmente luego de los dos últimos años de masacre y destrucción, la clase trabajadora de Palestina se encuentra absolutamente diezmada. Por esto, es imposible que la liberación de las masas ocurra exclusivamente dentro de los territorios ocupados por Israel. Se requiere una unión más allá de los estrechos “límites nacionales”, que lleve la solidaridad con las masas palestinas por un camino revolucionario capaz de enfrentar a las clases capitalistas de toda la región y expulsar a los imperialistas.

Multitud de personas marchando con banderas de Palestina
Marcha en solidaridad con Palestina reunió a 20.000 personas en el centro de Santiago en marzo de 2024.

La seriedad e importancia de esta causa, de lo que realmente está en juego, requiere la más sincera exploración de las ideas que efectivamente tengan la fuerza para materializar cambios. De esto la clase trabajadora conoce y tiene experiencia. El desarrollo del pensamiento marxista es prueba irrefutable del poder de las ideas.

Ejemplos como el impacto que tuvo el Manifiesto Comunista, escrito por Marx y Engels en 1848, en el movimiento de trabajadores del mundo y las múltiples revoluciones de la clase trabajadora —exitosas e incompletas— muestran lo que es posible gracias a la depuración de las ideas más correctas para transformar la realidad; muestran cómo el desarrollo de armas teóricas para ser esgrimidas por los movimientos de masas permiten no solo conseguir sentidas y necesarias conquistas, sino que las preparan para llegar a las últimas consecuencias en sus luchas.

La compilación de artículos que presentamos aquí busca precisamente ser un aporte hacia la perspectiva de liberación revolucionaria de Palestina. Esta importante lucha requiere claridad en cuanto a la historia de la ocupación israelí, pero también en cuanto a la ideología que inspiró a los colonos e imperialistas a instalar y sostener un régimen reaccionario que hoy día se mantiene gracias al apoyo de los Estados capitalistas encabezados por EE. UU.

Partimos de expresiones más recientes de la opresión sionista, para luego ahondar en la historia de la ocupación, la fundación del Estado de Israel, y, finalmente, la perspectiva de una revolución socialista para la liberación de Palestina.

La gran revolucionaria Rosa Luxemburgo explicó ya en 1915, enfrentada al panorama de la Primera Guerra Mundial, la disyuntiva a la que se enfrentaba la humanidad en la época del imperialismo:

“o triunfa el imperialismo y provoca la destrucción de toda cultura y, como en la antigua Roma, la despoblación, desolación, degeneración, un inmenso cementerio; o triunfa el socialismo, es decir, la lucha consciente del proletariado internacional contra el imperialismo, sus métodos, sus guerras. Tal es el dilema de la historia universal, su alternativa de hierro, su balanza temblando en el punto de equilibrio, aguardando la decisión del proletariado.”

Socialismo o barbarie. Esta síntesis de la posición de la clase trabajadora era cierta en palabras de Engels, de Luxemburgo y tiene total vigencia hoy en día. Sin tapujos ni excusas entregamos al lector nuestra alternativa comunista revolucionaria.

Rosa Luxemburgo hablando desde un escenario a una muchedumbre
Rosa Luxemburgo se dirige a una muchedumbre en Stuttgart, durante el séptimo congreso de la Segunda Internacional, 1907.

Los trabajadores del mundo, conscientes de este sistema de dominación, debemos encabezar un sabotaje de toda la clase trabajadora contra el sionismo y el Estado de Israel. Como ya lo han mostrado nuestros hermanos y hermanas de clase de diversos países, solo en la medida que esta acción coordinada se extienda, entonces veremos resultados en el apoyo concreto al pueblo palestino.

Pero para ello debemos prepararnos en nuestro entendimiento de la situación histórica y política de la ocupación de Palestina, y ganar la claridad que nos permita mostrar que una perspectiva transformadora radical del orden de las cosas es necesaria y puede triunfar. Tenemos la historia de nuestro lado.

La dinámica de la lucha de clases —dinámica de la que nos es imposible escapar— llevará al modelo capitalista y a sus representantes a responder a la crisis orgánica en la que se encuentra extremando las medidas por mantener el control, buscando salvar el dominio al que nos somete y perpetuar el consumo irracional de la naturaleza y de la humanidad en general. Debemos entonces prepararnos para las luchas que vendrán.

Debemos estudiar y entender las fuerzas que han operado y hoy operan en la explotación y el despojo de la riqueza que producimos las grandes mayorías trabajadoras. Debemos trazar la evolución de estas fuerzas para así poder orientarnos y entender qué dirección seguirán en el futuro. Solo pudiendo comprender este movimiento es que tendremos la preparación mínima para lidiar con los acontecimientos explosivos que inevitablemente van a ocurrir en cada rincón del planeta y que ya están ocurriendo (ver aquí y aquí).

Formarse, estudiar e informarse, pero también lograr comprender las ideas y las fuerzas que operan oprimiendo a las masas palestinas, así como también a la privilegiada clase trabajadora de Israel y sus órganos supremacistas, nos da herramientas para entender también a quienes nos oprimen en casa, en nuestros países, en nuestros lugares de trabajo.

También nos muestra que el sionismo no es un fenómeno descolgado de las condiciones materiales de la explotación capitalista y que las conexiones entre estos sectores imperialistas son condiciones esenciales e infaltables en la realidad del imperialismo moderno.

Lenin y Trotsky en la Plaza Roja rodeados de personas
Lenin y Trotsky (al centro) en el segundo aniversario de la Revolución Rusa en 1919, Plaza Roja, Moscú.

Todo este trabajo no tendría sentido si quisiéramos simplemente rebotar ideas y elaboraciones teóricas entre nosotros. En 1902, el gran líder de la revolución rusa, V. I. Lenin, dijo muy correctamente en ¿Qué hacer?, “sin teoría revolucionaria, tampoco puede haber movimiento revolucionario”.

Grandes actores revolucionarios del pasado siempre han tenido mucho que aportar en cuanto al quehacer político, a la ideología, a las ideas que les movilizaron. Las revoluciones más importantes de la historia enseñan que esto ha estado inexorablemente relacionado al pensamiento marxista.

El peso de las acciones de estos grandes hombres y mujeres solo se puede explicar por el peso que han tenido sus ideas, su pensamiento político y su entendimiento de la realidad. Fue gracias a esas poderosas y sólidas ideas que pudieron materializar acciones y revoluciones de las más radicales que han ocurrido en la historia de la humanidad.

Solo logrando orientarnos en este ámbito teórico es que podremos darle la correcta orientación a nuestras acciones, no como un acto dogmático de repetir sin pensar las palabras de quienes nos precedieron en estas luchas, sino como el entrenamiento constante y el ejercicio del músculo revolucionario que constituye el prisma del marxismo y su esencia revolucionaria.

Así, examinar los eventos, las fuerzas que sobre ellos operan, los intereses de clase que estas persiguen y la base materialista que estos procesos siguen es, en síntesis, la característica central del método marxista para la actividad revolucionaria. Y no podemos olvidar nunca que la teoría marxista no es simplemente una generosa presentación de rica información.

El marxismo es por sobre todo una guía para la acción y para la emancipación de la clase trabajadora, quienes hacemos posible la riqueza y abundancia que a diario son despilfarradas bajo la anarquía capitalista.

Los trabajadores, orientados por las ideas revolucionarias del comunismo, tenemos la tarea histórica de llevar a la humanidad hacia adelante, hacia un sistema racional, basado en satisfacer la necesidad de las masas y no las ganancias de una minoría, el socialismo.

Martín Castañeda

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